Rivera
nació en la ciudad de Guanajuato, Guanajuato, el 8 de diciembre de 1886 en el
seno de una familia modesta. Su familia poseía una tienda de telas y otro tipo
de comercios a los que les fue bien en un inicio. Sin embargo, los paisajes de
Guanajuato no llenaban el ojo de Rivera. A los dos años de edad, su familia se
trasladó a la Ciudad de México, donde se asentaron con la intención de despegar
comercialmente.
Un
aspecto que influyó notablemente en el carácter de Diego Rivera, que se
desprendió de la arquitectura colonial y de las tradiciones culturales
correspondientes, fue sobre todo la preocupación que los guanajuatenses tienen
por seguir todo lo que signifique lujo en el uso de la plata. Los patrones del
tequios y de las haciendas de la ciudad tenían gastos de lujo verdaderamente
exorbitantes, pues no solo se daba lugar a la ostentación con carácter
religioso por la construcción de grandes templos en comunidades pequeñas, o por
la edificación de santuarios en donde se habían dado apariciones milagrosas,
sino por otras cosas que, desde luego, irritaban a Diego, como por ejemplo la
gran cantidad de objetos de platería que eran venerados como objetos religiosos,
tales como varales, incensarios y vírgenes con candiles.
La
influencia que Guanajuato tuvo en la obra del pintor Diego Rivera se concluye
que la influencia sí existió y fue muy significativa, ya que durante su
infancia tuvo la oportunidad de descubrir la gran riqueza de la que estaba
provisto el estado. La influencia del arte natural y arquitectónico del Barroco
de Guanajuato fue trascendental en dos aspectos: uno, el nacionalismo evidente
en las escenas de la vida mexicana democrática, y otro, la monumentalidad del
movimiento gráfico post-revolucionario que implantó la exaltación literaria de
los movimientos del pueblo. Es importante e interesante reconocer que, en
términos generales, el arte mexicano de la época logró desentrañar la esencia
de la identidad nacional, mezclando elementos y recursos iconográficos
preexistentes para tender puentes que unieran pasado y presente. Como en el
caso de la obra de Rivera, el producto de su pensamiento es una síntesis de
géneros, técnicas, modelos y tipologías que entienden a los espectadores,
revalorando sus tradiciones, relatos morales y filosóficos, de historia, en
resumen, de una identidad mexicana sujeta a un lenguaje universal accesible al
espectador. Entender sus claves, por tanto, supone no solo un análisis previo
de nuestra historia, sino de un reconocimiento del sujeto y del relacionarse
con lo visible de un mensaje, en definitiva.
Guanajuato
fue algo más que un simple ambiente de estancia. Fue un laboratorio de
experiencias que siempre serían sus vivencias, que influirían durante toda su
vida. ¿Por qué Guanajuato? ¿Qué significa Guanajuato para Diego Rivera? Para
comenzar, Diego recordaba siempre haber salido de Guanajuato siendo muy
pequeño, con lo cual ese punto de arranque era GTO. Despertaba en Diego un
interés por conocer, compenetrarse y enterarse de su pasado. Guanajuato era el
escenario donde se desarrollaban las historias, las leyendas y los mitos,
vividos y escuchados por Diego, que de niño jugaba y aún viejo se negaba a
alejarse de esa ciudad, ¿acaso porque había sido como un hijastro de esa
ciudad? Como tanto lo comprobaría, Guanajuato le hospedó por la duración entre
bellas y algo tendientes a creativas manías.
Creo
que ello fue producto de aquella mezcla de sentimientos de amor y odio hacia
Guanajuato. Sentimientos de amor porque, la ciudad le brindaba motivos para
reconstruir sus pinturas y era fuente de conocimiento histórico y didáctico
para el artista. Este gusto de Diego nace por la influencia de la educación del
propio Diego, ya que en repetidas obras recuerda que, al habitar en Guanajuato,
fue encerrado en dos instituciones educativas que, tras años, ya le habrían
capturado que el boxeo de las ciudades.
Cuando visites Guanajuato, no te pierdas visitar la casa museo Diego rivera.


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