Templo del Oratorio de San Felipe Neri (La Compañía)

Fachada principal del Templo del Oratorio de San Felipe Neri, Guanajuato / Fotografía Autor desconocido.

La compañía religiosa de San Felipe Neri fue fundada el 16 de diciembre de 1612 en Italia. Su Instituto recibió las aprobaciones papales el 17 de mayo de 1617 y la normativa definitiva con la Regla en 1620. Los oratorianos llegaron a Nueva España en el siglo XVII. El primer establecimiento en el virreinato de la Nueva España fue en Puebla el 6 de diciembre de 1698. Una de las capillas con más esplendor, dentro de la ciudad de Guanajuato, es la del Oratorio de San Felipe Neri "La Compañía", que comenzó a construirse en 1767 y en la que eminencias oficiaron la misa. Cabe mencionar que el diseño de la fachada principal de la capilla del Oratorio de San Felipe Neri es importante por su contexto arquitectónico, debido a la mezcla entre el barroco de los oratorianos y el neoclásico, debido a los problemas internos de la comunidad.

La portada principal de nuestra fachada de estudio está conformada por el antepórtico que cuenta con tres accesos a su interior, rematado por el cuerpo superior que corresponde al coro; ya en el remate, una espadaña de dos cuerpos remata la portada. Obra del arquitecto y escultor. Se observa un nulo intento de gestar un ritmo eficiente en los cuerpos de la portada. La opulencia de la obra, más la inclinación de los pilares del segundo cuerpo, generan un frontis rítmico claramente erróneo. A San Felipe se le reputa como el primer forjador de la fachada principal, misma que contaría con todos los elementos que después fueron realizados. En el siglo XVIII, el recinto fue considerablemente transformado: en 1737, un incendio destruyó buena parte del conjunto, incluyendo gran parte de la obra del claustrillo. La reconstrucción del presbiterio fue proyecto del cantero.

De acuerdo con la Compañía arquitectónicamente sobresaliente por el aporte de diversos elementos estilísticos de origen europeo. Sobresale por ser de estereotomía tipificada trazada por Cajo Lasany. La Compañía fue la primera y única catedral guanajuatense que tuvo las puertas abiertas de par en par para el ingreso a la ciudad del muy europeo estilo italiano. La escalonada fachada a manera de anfiteatro barroco romano separa esta Compañía de todas las demás.

El exterior del Oratorio se asemeja bastante a la imagen que ha conservado en el tiempo. De toda la fachada debe de considerarse la fachada del Oratorio, justo sobre la esquina que forman la calle Cantaritos y la actual Avenida Juárez, casi equidistante de los tres sectores en que puede dividirse el Centro Histórico de la ciudad, es decir, el que conserva el trazo urbano que le fuera impuesto por los españoles, el de San Matías, que forma parte del llamado barrio del Razo, y el que fuera abierto al otro lado de la riera para ser destinado a las labores agrícolas.

En cuanto a los elementos escultóricos que forman parte de la fachada, podemos dividirlos en dos aspectos principales: aquellos que decoran el espacio final dejando un espacio sobre la puerta principal y aquellos que se encuentran en la parte delantera donde se encuentra la fachada mostrada. Profundizando en el primer aspecto, observamos un nicho que contiene a San Felipe Neri, patrón del oratorio, envuelto en un tono más claro que el entorno para exaltar aún más la imagen. El marco del nicho presenta un diseño muy simple en comparación con el entorno, ya que su arquitectura es perpendicular al espacio final, confinando las paredes del oratorio, narrando un gran contrapunto a las diversas policromías desconcertantes. Reduciendo el arco inferior de la subida, observamos a los primeros habitantes de la Iglesia de San Felipe Neri; a nuestra izquierda, encontramos a San Pedro, y a la derecha, a Juan Nepomuceno, donde desciende una decoración de las columnas vesiculares donde el escudo de armas de la iglesia está en relieve. Ahora vamos a analizar los elementos de la parte delantera. La fachada del oratorio de San Felipe en Guanajuato conserva impresionantes relieves, tanto generales como específicos, en lo que respecta a detalles muy concretos. Debajo del marco de la ventana, encima del arco de entrada y el nicho, se encuentran las columnas de San Felipe, donde se realiza una reintegración, cuya policromía es desconcertante en relación con el resto de las fachadas neoclásicas analizadas. Cada uno de los protomásteres de San Felipe forma una columna vesicular jónica lobulada decorada con exceso de hojas de acanto que descienden gradualmente. Encima de la entablatura conductora, desplegándose principalmente detrás del evasor, observamos una reja de hierro forjado que narra a tres evangelistas; en la fachada izquierda, se disponen dos: San Lucas y San Marcos.

Las pilastras de capitel toscano y la línea de imposta dan oportunidad al muro para realizar ricos juegos de luces y sombras con las molduras onduladas, en especial en la parte inferior del frontispicio. En la parte baja del frontispicio se presentan puertas en forma de nicho mirando de adentro hacia afuera, lo que simula un arco de medio punto, y estas a su vez están flanqueadas por columnas que soportan un entablamento con su respectiva cornisa, y esta por dos serafines en relieve. Para el caso de la capilla de San Antonio de Padua, la decoración escultórica es muy sencilla y es similar a lo presentado en la capilla principal, solo que esta no fue terminada y esto originó la falta de decoración en ciertos sectores de la misma.

La fachada de la capilla está compuesta por tres cuerpos que se encuentran divididos por dos columnas dóricas adosadas que soportan un entablamento y un cornisamento, simplemente en la parte baja de la portada. Entre los dos se encuentra la ventana coral, la cual recibe iluminación de la bóveda de cañón corrido y funciona para las ejecuciones musicales de los oficios religiosos de los sacerdotes que veneran a San Felipe Neri cuando cantan a ese santo. De la misma manera que en la fachada principal, esta posee incisos en forma de tabulación romana en la parte inferior del frontispicio y posee molduras que se entrecruzan e incisos como en la portada principal. En la parte superior del frontispicio se encuentra una ventana semicircular oventanal con elementos abalaustrados, lo que le da un toque de movimiento a esta parte de la composición al confrontarla con el primer nivel de la misma.

Como se menciona, durante el siglo XVIII en la iglesia de La Compañía de Guanajuato existen varios componentes que, junto con elementos arquitectónicos claros de estilo barroco, se encuentran influencias churriguerescas que pueden observarse tanto en la portada principal como en otras partes de la iglesia. En la portada de la iglesia de La Compañía se despliega un discurso retórico que, en su claro carácter ostentatorio y festivo, reproduce mecanismos similares a los que estructuran el texto churrigueresco o cualquier manifiesto artístico barroco de raigambre.

Este diseño estuvo influido por dos de los maestros más influyentes de la época de esa ciudad: Alberoni y Morales. El primero introdujo las líneas curvas usando conchas y motivos fitomorfos, mientras que Morales echó mano del lenguaje retórico para componer fachadas ordenadas en movimientos ascendentes y descendentes. En la misma fachada guanajuatense del Oratorio se mezcla la decoración de influencia churrigueresca con varios motivos vegetales exóticos como el pino, la palmera o el plátano, atestiguando la transición entre el barroco serliano de los retablos decorados con frontones y el churrigueresco; por el árbol del Paraíso se consigue, en convocatoria con el resto de los emblemas y el retablo, trascendiendo de una simple decoración para convertirse en un árbol de presencia central, dibujando a través de su ramaje la ruta ascendente del falso retablo de la fachada. En la Compañía de Guanajuato, indagaremos para comprender cómo se entreteje el lenguaje barroco, así como las repercusiones de dicha articulación no solo en el edificio, sino también en las festividades y el funcionamiento administrativo de la comunidad.

La fachada del Oratorio presenta dos campanarios, uno a cada lado del cuerpo central, similares a los utilizados para esconder una cruz o una esfera celeste, elementos que originalmente formaban parte de sus escudos o emblemas y resultaban de suma importancia en el contexto de contrarreforma entre las naciones protestantes europeas y el temor de estos grupos hacia los intelectuales representados por las clases letradas y los frailes.

Inmediatamente después de separarse y antes de fundar el Oratorio de San Felipe Neri, el antiguo jesuita Juan Everardo Nithard había reestructurado o pintado con exvotos y estuco dorado la techumbre del coro. Por ello, se desconoce el procedimiento que este bachiller en artes pudiera seguir para apegarse a las tradicionales reglas barrocas de la iconografía de la fachada del Oratorio de San Felipe Neri, fundación. El hecho de que varios jesuitas hayan colaborado con Nithard resulta ser uno de los datos más importantes en la historia de la parroquia, ya que esta colaboración resulta ser el elemento explicativo de la concepción barroca de la fachada del Oratorio.

La riqueza estilística de los elementos arquitectónicos constructivos de la fachada así como el manejo espacial de sus elementos ornamentales establecen las características particulares de esta fachada, convirtiéndose en el único ejemplo en Guanajuato, pero sobre todo en el que denota un formalismo barroco propio. Los elementos constructivos heredados o prefigurados que conforman esta fachada están desarrollados con mayor riqueza de detalles haciendo de ella una obra bastante singular no sólo en Guanajuato sino en el territorio nacional. Los elementos arquitectónicos preocupados son variedad de recursos modulados como las diferentes ventanas alternadas sobre columnillas, o la portada y demás elementos de carácter monumental. El estilo barroco novohispano que caracterizó al oratorio desde su creación se manifiesta en sus distintas propuestas arquitectónicas y ornamentales. El acceso principal con su esbelto frontoncillo y su arquitrabe nos hablan de una portada sencilla de influencia portuguesa, el manejo de una alternancia de diferentes modulaciones y tipologías en ventanas y nichos de accesoria nos remite al barroco retoricista presente en una fachada dividida en dos partes simétricas. La articulación externa de ventanales remite al hermoso estilo al que ya se había recurrido en varias ocasiones. En síntesis es una fachada de rica modulación destinada a estravasar cada centímetro de la fachada con delirio y capaz de estructurar todos los elementos.

Detalle de la cúpula del Templo del Oratorio de San Felipe Neri / Fotografía: Francisco Salazar 


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