Es evidente, el desconocimiento que tenemos de una de las comunidades de Guanajuato con mayor tradición e importancia. La colonia Marfíl, sin lugar a duda, ha albergado situaciones que resumen una historia poco traducida y ha aportado un legado importante al desarrollo de nuestra tierra, así como también ha conservado un estilo de vida dado por su manera "alejada" de la capital del estado. Marfíl dista a 13 km del centro de la ciudad de Guanajuato, está enclavado en la serranía de Santa Rosa, donde hasta la fecha existen múltiples manifestaciones culturales y constructivas con claras innovaciones en cada una de sus etapas.
Desde sus albores como el foco de mayor extracción de
metales preciosos, producto de su ubicación en la supuesta "veta
madrina" que abasteció durante 3 siglos las entrañas de la ciudad de
Guanajuato. Para el traslado del mineral había carreras de troncos, mientras
que para el de los hombres, unos 6 kilómetros, a la orilla del río, hoy
conocido como junto a la ladera de la montaña, una tosca "calzada"
que se llamó el "Camino Real de Marfil" hoy se le conoce como “Antiguo
camino a marfil “, que baja zigzagueante hasta el lomerío en las
proximidades del antiguo barrio de Buena Vista." Igualmente, el
asentamiento está sobre lo que se llamó "el camino de tierra
adentro", denominando Marfíl el "Puerto español".
Entre 1550 y
1600 Marfil apenas era conocido como vecindad de Guanajuato, pasó a ser
conocido como caserío particular del Batallero, zona de ranchos y haciendas
ocupada para los embates mineros de los siglos XVIII y XIX. Los deslaves en los
que los campurriozanos liderados por Alonso Díaz remontaron los cerros de La
Bufa favorecieron no sólo el desplazamiento de los naturales, sino su
intervención o explotación.
Se origina, hacia 1660, con la explotación de un conjunto de minas conocido como “La Central”, entonces propiedad del capitalino Jacinto García de la Maza, dueño de la concentradora de minerales “El Cedrón”, localizada en Guanajuato. Haciéndose notar que las construcciones más antiguas se localizan al noroeste de la explanada principal; sin embargo, siendo también un hecho digno de mención que el unificado conjunto barroco que se observa alrededor de dicha explanada es mayormente obra del capitanejo Francisco Pérez Damián, quien generosamente financió tales monumentos a partir de 1734. Hacia mediados de la década de 1680, este importante conjunto de 32 minas pasó a manos del extremeño Antonio de Anza, cuyo apellido por mucho tiempo habrá de respetarse en la tradición familiar del pueblo de Marfil. Las razones detrás del mudamiento de los García de la Maza a Marfil se desconocen, si bien se especula que en 1730 podría haber sido puesta en marcha una real acequia desde Guanajuato con el objeto de aprovechar el caudal con el fin de riego. Poco tiempo después se levantó alguna operación minera maquiladora, asentándose los dueños y trabajadores de esta en el lugar que hasta hace muy poco tiempo atrás fue lo único conocido del pasado de esta villa: el barrio de San José – San José de la Troje.
Hasta la edificación de número 3, correspondiente al
solar que se encuentra en la esquina noroeste de las calles Nicolás Bravo y
Melchor Ocampo en el Barrio de San Cayetano de Valenciana, fue durante varias
décadas el punto central de este barrio.
Toda población clásica tiene su parte constitutiva o
esencial; en este caso sería el trazo original del reino tzitzos. Toda
población tiene también un periodo de auge o esplendor; en el de Marfil, el
factor fundamental fue la minería de plata.
En lo que a monumentos de alta calidad arquitectónica
se refiere, Marfil es un caso que parece contradictorio, ya que en no pocos
casos se ha de notarse que, por compararse con la arquitectura del centro de Guanajuato,
fueron elaborados bajo el mismo estilo, pero con una variedad notoria de
calidad en cada aspecto arquitectónico. Y de la misma manera, en la periferia
de la localidad, lo que queda claro es que las posibilidades urbanísticas y,
básicamente, económicas parten de la necesidad visual del desarrollo de Marfil,
como se dejó ver en su adecuado trazo original, aunque en esencia su diseño
urbano aún parece latente, tal y como se puede estudiar mediante un ejercicio
de superposición en donde convivan parte del trazado moderno y el residuo de la
cimentación prehispánica de uno de los pequeños templos cristianos.
Marfil, es una comunidad que en la actualidad ofrece una alternativa de turismo, estilo de vida para sus habitantes, rodeado de cafés, restaurantes y centros culturales como la Casa Museo Gene Byron.
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| Casa museo Gene Byron, Marfil Guanajuato / Fotografía: Francisco Salazar. |


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