Ánimas de Comala en Guanajuato



En la tierra árida donde el viento suspira,  
donde Pedro Páramo aún guarda su vigilia,  
se alzan las ánimas de Comala, tan sombrías,  
buscando un descanso que nunca se abrigaría.  

Guanajuato, espejo de túneles oscuros,  
ciudad de misterios, silencios y murmullos,  
resuena el eco de almas sin futuro,  
que errantes caminan entre sus muros.  

Las sombras bajan desde Dolores, llorando,  
cargando pesares y culpas, rezando,  
como ecos perdidos en callejones angostos,  
cuyas piedras guardan secretos y rostros.  

Las ánimas piden catrina  auxilio,  
cansadas de llanto, de furia, de exilio,  
como Susana San Juan que vaga sin dueño,  
cobijada en suspiros y tristes ensueños.  

En la Alhóndiga, entre polvo y reflejos,  
se cruzan miradas de antiguos espejos,  
y las ánimas cantan sus penas marchitas,  
sombra entre sombras, las almas malditas.
 
Pedro Páramo  llama, desde el otro lado,  
con voz de sepulcro, de polvo encadenado;  
mas Guanajuato escucha, en su penumbra fina,  
las ánimas de Comala, buscando la divina
.  
Así vagan las almas, errantes, perdidas,  
en tierra de sombras, de historias vencidas,  
entre Guanajuato y Comala, en el viento delgado,  
unidas en pena, en un lamento callado.

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