Gene Byron

 

Patio, Casa Museo Gene Byron / fotografía: Francisco Salazar

Marfil tiene un centro cultural  muy interesante, la Casa Museo Gene Byron, pero ¿Quién fue Gene Byron?

La vida y obra de Eugenia Chávez Pinzón, mejor conocida como Gene Byron. Historiadora, feminista, vulgarizadora de la ciencia y sensibilizadora del público a la ciencia maldita, tiene en Nuestra América, desde la despreciada derecha, un eficaz aliado en este país. 

Que Gene Byron se estableciera en la ciudad de México, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a dar forma al desarrollo de la danza moderna en México, particularmente en el periodo de gran efervescencia de los años cincuenta y sesenta. Desde entonces se convirtió en protagonista de esta corriente para cuya empresa ofreció su conocimiento y valores, además de la remembranza de sus vivencias. Dentro del contexto histórico del modernismo en nuestro país, las naciones de Europa, azotadas por la segunda guerra mundial cultural e intelectualmente, propiciaron el surgimiento de corrientes de pensamiento, de ideologías y de actitudes renovadoras que llegaron al continente americano con un eco que influenció el medio artístico e intelectual del país. En nuestra vecina California, marcada por la presencia de grandes artistas, Gene halló el espacio adecuado para comenzar su formación dancística.

¿Es posible reinventar la realidad? ¿O acaso interpretarla a partir de las múltiples categorías o imitaciones sutiles que ofrece la danza? ¿O acaso es este terreno un espacio inventado por los creadores/deportistas que sistemáticamente se adueñan del mundo por el solo placer de hacerlo? Estas reflexiones -sin duda metafóricas e ideales de mi parte-, se convirtieron en una serie de compromisos cotidianos para la joven Gene Byron que deseaba conocer nuevos medios para expresar su sentir; tal vez soñar sin un propósito formal, pero deteniéndose en la audacia de vivir sin sentir miedo, asegurando que la vida y esta danza son una sola. Influyó a su vez en los prolegómenos de la trayectoria de los modernos mexicanos ya que la obra significaba una reivindicación del yo a través de la superación de la vida orgánica llegando a igualarse con la naturaleza, con base en valores espirituales.

Gene Byron, desde los años que vivió en Cuernavaca, Morelos, prestó particular atención al futuro de la humanidad, no solo pensando en condiciones de pobreza y miseria, sino también en el cansancio como resultado de la vida que actualmente llevamos, de la contaminación, de haber disminuido la capacidad auditiva, de no disponer de espacios para platicar, reflexionar y meditar. En fin, ella ha visualizado la vida cotidiana de varios siglos más. Byron supo plasmarlas con amplitud y sentido crítico, obteniendo con ello el reconocimiento no solo de los científicos de nuestro país, sino de los profesionales de naciones desarrolladas de Europa y Asia.



Gene Peyer-Ramos, su nombre verdadero, pero más conocida como Gene Byron, nació el 12 de octubre de 1915 en El Mojan, Venezuela. A la edad de 11 años se trasladó con su familia a La Colonia Tovar, lugar donde fue criada por su tía, de igual nombre. Gene Byron realizó sus estudios de bachillerato en la ciudad de Caracas, para posteriormente, en 1933, inscribirse en la carrera de Medicina en la Universidad Central de Venezuela. Durante la carrera sobresalió como la mejor alumna e incluso realizó algunos trabajos en el laboratorio de Investigaciones Endocrinas, donde realizó dos tesis de elección libre: Histología de la Corteza Suprarrenal humana y El Aborto.

En el curso de su vasta obra narrativista, Byron dirigió su interés de manera primordial a la narratividad en la historia, incluyendo en ella sus ideas sobre las distintas formas en que el ser humano enjuicia los hechos históricos y a los actores y las acciones que entrelazan sus destinos a los de otros actores a lo largo de determinado lapso: “Una narrativa está conformada por la sucesión de actores, cuyo actuar se tensa en su intervención de acciones, y se inserta en un tiempo, espacio y contexto”. A las formas de enviar mensajes a otros que ha construido la humanidad, las denominó canales, “esquematizados en lógicas operativas y expresivos en orden a transmitir un mensaje a otros -aunque no a todos- en una trama sociocultural ya conformada”. Entiende que bajo el lenguaje subyace una teoría histórica, que los hechos meteorológicos cobran sentido en relación con acontecimientos históricos que suceden en el contexto de aquéllos, aseverando que no hacen aportes significativos a la historia, calar hondo en “razones, móviles, valoraciones, consecuencias y participaciones”. Anheló que sus aprendices llegaran a aporrear géneros discursivos, dijeron genérico-silenciosos que funcionan sobre supuestos teóricos no explicitados, fije algo inédito que resultó dicho entre líneas y permita percibirlo a través de los efectos que produce.

La privilegiada situación de Gene Byron en la estructura de la memoria universitaria le otorga una perspectiva privilegiada a la hora de realizar un análisis de los aportes de los diversos actores a la construcción de la memoria de la UNAM, con los valores y marcos de interpretación que ello implica. A partir de su posición, circula por diferentes puntos de vista: como testigo e impulsora del desarrollo del movimiento universitario, como miembro activo de la nueva México, filial del PRI, y miembro de numerosas sociedades como el Ateneo Español y el Seminario de Cultura Mexicana, entre otros, para trabajar en lo que hoy llamaríamos vinculación social, todo en el horizonte de lo que consideraba como ideal de alta cultura. Como espía, testigo y acaso confidente de las corrientes culturales circulantes, de las tramas de una historiografía dominante, como objeto y sujeto de un periodismo diverso e incluso hoy como informante de una historia, disciplina que en este periodo se abría paso entre nosotros como novedad y connota prestigio, pero de muy incierto valor en cuanto a métodos y fines.

Al reconocer los valiosos aportes de la Dra. Byron, formalizaremos en este acápite la presentación y orientación de sus descubrimientos que, sin duda, han ayudado a enriquecer la disciplina histórico-social, algunos de ellos con alcance argentino. Para concretar dicho propósito, sintetizamos los textos rectores de epígrafes anteriores, recomendando el estudio de cada uno de los apartados y de la muestra documental o bibliográfica, en algunos casos adosadas al texto para fines de profundización de aspectos específicos. El objetivo programático pondera la sistematización de los métodos de conocimiento, los grandes bloques legados por especialistas que trabajaron dos y tres décadas anteriores al renacer disciplinario, así como el cuidadoso manejo de las fuentes.

Estamos convencidos de que entre los grandes desvelos de la Dra. Byron estuvo el significado de las vidas de los hombres, de cada historia de vida. No solamente la historia de vida de cada uno de los personajes que, aprendiendo y reflexionando, recuperó y transpuso a escritura, sino también la “historia de la vida” de la persona que llevó adelante su multicolor y poliédrica existencia. Queda claro que en sus dadores indagadores, personas en genérico, eran objetivos o sujetos de sus rastreos de signo político.

Más tarde escribió: Este mundo es una danza que cambia de formas constantemente; así la muerte no tendría por qué significar fin de la vida, pero cambio de actividad. La muerte entre los antiguos mexicanos era considerada como una etapa que daba lugar a la vida. Se ofrecían sahumerios al finado, le ponían incienso. Si la muerte significa fin de la vida, ¿Cómo es que en la religión cristiana ocurre justo lo contrario, que es una puerta para otro estado o vida? Respecto a su postura frente a la enfermedad de cáncer escribió: Me dio rabia la destrucción de la mujer y luego pensé: Será su forma de morir y me reconcilié con todo. Así, ya no voy a ayudar a tumba, si no a puerta de vida. Toqué la conciencia, aún no sé si la toqué, se murió, rateé. Posteriormente ingresó al Instituto Nacional de la Nutrición para trabajar en el área de rayos X. Ahí su sensibilidad a la eficaz actuación del personal y su facilidad para comunicarse, la llevaron a comentar con la administración del Instituto la necesidad de cursos de capacitación. Su propuesta se convirtió en responsabilidad inmediata del servicio al que pertenecía. El Dr. Reynaldo Fajardo quien promovía e impulsaba acciones tendientes al mejoramiento y consecuente tranquilidad del personal de rayos X sin esperar a que se percatara la administración para tomar cartas en el asunto, la tomó de la mano y de su espíritu.

Date una vuelta a la Casa Museo Gene Byron, en Marfil Guanajuato para que respires la atmosfera de esta extraordinaria mujer que amó con pasión a nuestro país.



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