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| Patio, Casa Museo Gene Byron / fotografía: Francisco Salazar |
Que Gene Byron se estableciera en la ciudad de México,
al finalizar la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a dar forma al desarrollo de
la danza moderna en México, particularmente en el periodo de gran efervescencia
de los años cincuenta y sesenta. Desde entonces se convirtió en protagonista de
esta corriente para cuya empresa ofreció su conocimiento y valores, además de
la remembranza de sus vivencias. Dentro del contexto histórico del modernismo
en nuestro país, las naciones de Europa, azotadas por la segunda guerra mundial
cultural e intelectualmente, propiciaron el surgimiento de corrientes de
pensamiento, de ideologías y de actitudes renovadoras que llegaron al
continente americano con un eco que influenció el medio artístico e intelectual
del país. En nuestra vecina California, marcada por la presencia de grandes
artistas, Gene halló el espacio adecuado para comenzar su formación dancística.
¿Es posible reinventar la realidad? ¿O acaso
interpretarla a partir de las múltiples categorías o imitaciones sutiles que
ofrece la danza? ¿O acaso es este terreno un espacio inventado por los
creadores/deportistas que sistemáticamente se adueñan del mundo por el solo
placer de hacerlo? Estas reflexiones -sin duda metafóricas e ideales de mi
parte-, se convirtieron en una serie de compromisos cotidianos para la joven
Gene Byron que deseaba conocer nuevos medios para expresar su sentir; tal vez
soñar sin un propósito formal, pero deteniéndose en la audacia de vivir sin
sentir miedo, asegurando que la vida y esta danza son una sola. Influyó a su
vez en los prolegómenos de la trayectoria de los modernos mexicanos ya que la
obra significaba una reivindicación del yo a través de la superación de la vida
orgánica llegando a igualarse con la naturaleza, con base en valores
espirituales.
Gene Byron, desde los años que vivió en Cuernavaca,
Morelos, prestó particular atención al futuro de la humanidad, no solo pensando
en condiciones de pobreza y miseria, sino también en el cansancio como
resultado de la vida que actualmente llevamos, de la contaminación, de haber
disminuido la capacidad auditiva, de no disponer de espacios para platicar,
reflexionar y meditar. En fin, ella ha visualizado la vida cotidiana de varios
siglos más. Byron supo plasmarlas con amplitud y sentido crítico, obteniendo con
ello el reconocimiento no solo de los científicos de nuestro país, sino de los
profesionales de naciones desarrolladas de Europa y Asia.
Gene
Peyer-Ramos, su nombre verdadero, pero más conocida como Gene Byron, nació el
12 de octubre de 1915 en El Mojan, Venezuela. A la edad de 11 años se trasladó
con su familia a La Colonia Tovar, lugar donde fue criada por su tía, de igual
nombre. Gene Byron realizó sus estudios de bachillerato en la ciudad de
Caracas, para posteriormente, en 1933, inscribirse en la carrera de Medicina en
la Universidad Central de Venezuela. Durante la carrera sobresalió como la mejor
alumna e incluso realizó algunos trabajos en el laboratorio de Investigaciones
Endocrinas, donde realizó dos tesis de elección libre: Histología de la Corteza
Suprarrenal humana y El Aborto.
En el curso de su vasta obra narrativista, Byron
dirigió su interés de manera primordial a la narratividad en la historia,
incluyendo en ella sus ideas sobre las distintas formas en que el ser humano
enjuicia los hechos históricos y a los actores y las acciones que entrelazan
sus destinos a los de otros actores a lo largo de determinado lapso: “Una
narrativa está conformada por la sucesión de actores, cuyo actuar se tensa en
su intervención de acciones, y se inserta en un tiempo, espacio y contexto”. A las
formas de enviar mensajes a otros que ha construido la humanidad, las denominó
canales, “esquematizados en lógicas operativas y expresivos en orden a
transmitir un mensaje a otros -aunque no a todos- en una trama sociocultural ya
conformada”. Entiende que bajo el lenguaje subyace una teoría histórica, que
los hechos meteorológicos cobran sentido en relación con acontecimientos
históricos que suceden en el contexto de aquéllos, aseverando que no hacen
aportes significativos a la historia, calar hondo en “razones, móviles,
valoraciones, consecuencias y participaciones”. Anheló que sus aprendices
llegaran a aporrear géneros discursivos, dijeron genérico-silenciosos que
funcionan sobre supuestos teóricos no explicitados, fije algo inédito que
resultó dicho entre líneas y permita percibirlo a través de los efectos que
produce.
La privilegiada situación de Gene Byron en la
estructura de la memoria universitaria le otorga una perspectiva privilegiada a
la hora de realizar un análisis de los aportes de los diversos actores a la
construcción de la memoria de la UNAM, con los valores y marcos de
interpretación que ello implica. A partir de su posición, circula por
diferentes puntos de vista: como testigo e impulsora del desarrollo del
movimiento universitario, como miembro activo de la nueva México, filial del
PRI, y miembro de numerosas sociedades como el Ateneo Español y el Seminario de
Cultura Mexicana, entre otros, para trabajar en lo que hoy llamaríamos
vinculación social, todo en el horizonte de lo que consideraba como ideal de
alta cultura. Como espía, testigo y acaso confidente de las corrientes
culturales circulantes, de las tramas de una historiografía dominante, como
objeto y sujeto de un periodismo diverso e incluso hoy como informante de una
historia, disciplina que en este periodo se abría paso entre nosotros como novedad
y connota prestigio, pero de muy incierto valor en cuanto a métodos y fines.
Al reconocer los valiosos aportes de la Dra. Byron,
formalizaremos en este acápite la presentación y orientación de sus
descubrimientos que, sin duda, han ayudado a enriquecer la disciplina
histórico-social, algunos de ellos con alcance argentino. Para concretar dicho
propósito, sintetizamos los textos rectores de epígrafes anteriores,
recomendando el estudio de cada uno de los apartados y de la muestra documental
o bibliográfica, en algunos casos adosadas al texto para fines de
profundización de aspectos específicos. El objetivo programático pondera la
sistematización de los métodos de conocimiento, los grandes bloques legados por
especialistas que trabajaron dos y tres décadas anteriores al renacer
disciplinario, así como el cuidadoso manejo de las fuentes.
Estamos convencidos de que entre los grandes desvelos
de la Dra. Byron estuvo el significado de las vidas de los hombres, de cada
historia de vida. No solamente la historia de vida de cada uno de los
personajes que, aprendiendo y reflexionando, recuperó y transpuso a escritura,
sino también la “historia de la vida” de la persona que llevó adelante su
multicolor y poliédrica existencia. Queda claro que en sus dadores indagadores,
personas en genérico, eran objetivos o sujetos de sus rastreos de signo político.
Más tarde escribió: Este mundo es una danza que cambia de formas constantemente; así la muerte no tendría por qué significar fin de la vida, pero cambio de actividad. La muerte entre los antiguos mexicanos era considerada como una etapa que daba lugar a la vida. Se ofrecían sahumerios al finado, le ponían incienso. Si la muerte significa fin de la vida, ¿Cómo es que en la religión cristiana ocurre justo lo contrario, que es una puerta para otro estado o vida? Respecto a su postura frente a la enfermedad de cáncer escribió: Me dio rabia la destrucción de la mujer y luego pensé: Será su forma de morir y me reconcilié con todo. Así, ya no voy a ayudar a tumba, si no a puerta de vida. Toqué la conciencia, aún no sé si la toqué, se murió, rateé. Posteriormente ingresó al Instituto Nacional de la Nutrición para trabajar en el área de rayos X. Ahí su sensibilidad a la eficaz actuación del personal y su facilidad para comunicarse, la llevaron a comentar con la administración del Instituto la necesidad de cursos de capacitación. Su propuesta se convirtió en responsabilidad inmediata del servicio al que pertenecía. El Dr. Reynaldo Fajardo quien promovía e impulsaba acciones tendientes al mejoramiento y consecuente tranquilidad del personal de rayos X sin esperar a que se percatara la administración para tomar cartas en el asunto, la tomó de la mano y de su espíritu.
Date una vuelta a la Casa Museo Gene Byron, en Marfil Guanajuato para que respires la atmosfera de esta extraordinaria mujer que amó con pasión a nuestro país.


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