En México, la identidad se ha considerado desde hace varios años. La identidad es la base de un planteamiento metodológico que intenta buscar las relaciones entre la producción cultural y los rasgos de personalidad colectiva. La cultura es creada por la personalidad y al hombre le incumbe modificar y crear la suya para contestar a las necesidades del entorno, por lo que la cultura es manifestación de la identidad y se define por la relación que establece un grupo en el desarrollo de las expresiones sociohistóricas. Entonces, la cultura ha definido al ser partiendo de las relaciones establecidas entre primogénitos, religiosos e ideológicos, manejando las relaciones existentes tanto internas como externas entre estos aspectos y otros más como los valores.
En el caso de las naciones que reúnen elementos que les proporcionan su propia configuración particular, a menudo hay una clara percepción de identidad. Esto se debe a que en la nación hay dos conceptos implícitos: el pueblo y la nación, siendo esta última la que posee su propia cultura, una identidad y un pueblo común. Decir que un pueblo tiene una identidad es lo mismo que asegurar que no solo han heredado su complicado pasado histórico, sino que también han sabido asimilarlo, dar una conformación especial a la ética y los hábitos, a la forma de sentir y pensar, en una palabra, a la cultura. La identidad nacional depende de las condiciones culturales, históricas y socioeconómicas de cada miembro de la sociedad y de la relación particular entre ellos que forman parte del todo del país, lo que se caracteriza por las características de un Estado político.
El propósito de este ensayo es examinar detenidamente la aportación de los grandes artistas guanajuatenses a la identidad colectiva de nuestro país. Iré hablando de artistas como: Diego Rivera, José Chavez Morado, Ignacio Ortiz, Primitivo Miranda, Leopoldo Fernández, Enrique Guerrero, Juan Jesús Sicre, Hermenegildo Bustos, Francisco Eduardo Tresguerras, Miguel Zetina Zgayrboda, y los que vayan sumando que no tengo en la mente en este momento y de su quehacer artístico en Guanajuato.
La entidad federativa de Guanajuato es una de las más importantes en el plano cultural, teniendo una de las historias culturales y plásticas más ricas de México. Cuna de destacados artistas que se destacan al máximo nivel, tanto en el panorama nacional como en el internacional. Además, se dieron no pocos procesos artísticos muy significativos. Estos artistas de relevancia universal no solo contribuyeron al desarrollo específico de las artes plásticas o escénicas locales, sino que la mayoría de ellos aportaron a la identidad colectiva nacional algunas de las aristas dimensionales significativas que contribuyeron a definir la imagen global de nuestro país, la cual se construyó y difundió a lo largo del siglo XIX. Este territorio, en el contexto general del país, ha aportado significativamente en varios ámbitos que van desde el ámbito cultural hasta el económico y la política. Todo ello se verá parcialmente reflejado en los futuros post.
Mencionar un grupo de autores de las áreas de las artes plásticas es suficiente para evidenciar que, de una manera u otra, Guanajuato ha sido cuna o generoso anfitrión de figuras singulares.
En este grupo pueden ser incluidos personajes de la relevancia de Manuel Leal, considerado el precursor plástico de la independencia, y del propio pintor Luis García Guerrero que, sevillano de origen, adoptó Guanajuato como lugar de trabajo, de enseñanza y residencia. En este grupo se incluirían cuatro hombres sobresalientes en diferentes ámbitos de la creación: Claudio Linati, Francisco Eduardo Tresguerras, Manuel Felguérez Barra y José María Cuéllar. Cada uno se ha distinguido por lograr imágenes fundamentales dentro de una coreografía cualitativa que los especialistas emiten sobre sus respectivos momentos históricos.
Profundamente la tradición simbólica de Guanajuato, que sirvió de un diastrofismo social y vivificador del arte, de gran impacto a la identidad nacional. En pintura, el gran maestro y los consagrados son la manifestación más internacional del arte de Guanajuato. Aún con su sendero particular y decisivo en la historia del arte nacional, han transitado por diferentes estilos y movimientos: desde realistas, expresionistas y de ahí al muralismo. Fundador de la Escuela Mexicana de Pintura Mural, en el caso de Díaz en su fase más fructífera a su manera y por cuenta propia. El renombrado maestro y las siempre fuertes figuras dibujísticas no han sido reconocidos ni por su arte convencional ni por las innovaciones planteadas por cada uno de ellos en sus vastas obras producidas. El primero prolífico entre los muros de la ciudad de Guanajuato y el segundo, un veterano paisajista de Guanajuato capital que en llevó sus interpretaciones del paisaje guanajuatense a la ciudad de Guadalajara, lugar donde la crítica del arte, con especial énfasis para con el artista, vería rápidamente amenazado su apostolado.
El arte guanajuatense en su diversidad, puntualizan las artistas, ha sido producto de "entretejer historias y circunstancias que van formando los lazos de identidad duradera" representada en escenarios, mitos, leyendas, fiestas y rituales donde "encontramos proyección de sueños, sentimientos y vínculos con el pasado". Es el caso de la imaginación popular barroca con la que trabajó Hernando Franco en el siglo XVII, concepción estética que siglos más tarde incluso figura en la obra de Rufino Tamayo, refieren las autoras.
En el caso de Jesús Gallardo, la identidad nacional antecede al nacionalismo. Enrique Díaz es "el pintor de México", pero media una distancia entre una convicción latinoamericanista del artista y un discurso nacionalista acomodaticio en la perspectiva crítica de aquel y de sus pares.
El ser un guanajuatense en la figura de Jesús Gallardo tiene un impacto importante en la dimensión humana y artística del artista, pero en consecuencia en su aportación a la identidad nacional no propone un itinerario conceptual que parta de ese hecho para explicar desde la génesis profundamente personal de su obrar el ser una manifestación común a todos los mexicanos. Por esto parte de la consideración de que el artista podría ser considerado independientemente de su pertenencia colectiva. En el caso de Jesús Gallardo, la identidad nacional antecede al nacionalismo, cuando establece los orígenes del ser mexicano que "no ya aborigen sino mestizo" adquirió una cultura y civilización concebida como materia de refinado hierro con el contacto con el viejo continente; y por esta razón "...la nación resultante aspira a ser, si no igual, al menos digna de las consideradas más adelantadas". Ser mestizo o guanajuatense es también elemento germen que determina la personalidad expresiva de un artista.




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