El río Guanajuato, cuando era navegable, tenía muelles en la ciudad y en diversos puntos, como la hacienda en Marfil; en la ladera del cerro de los Lobos, en Plata, y en la hacienda cerca de San Nicolás. También en Guanajuato, en la parte sur de la parroquia de San José Otero, se localizaban muelas para beneficio de metales, un molino de bando formado por y un molino utilizado para mantequería. Se registra que en el valle de Santa Rosa se construyó un pequeño dique o una presa que capturaba grandes volúmenes de aguas pluviales con la finalidad de aportar aguas limpias a los minerales y guachapeles resistentes del patio de la mina, extracción o desagüe de jales, llamado también.
De igual manera, se tenía conocimiento sobre la presencia de una noria en el río Guanajuato, que abastecía de agua a la población para consumo doméstico. Se menciona que en el año de el río Guanajuato tenía norias. El río Guanajuato, como ya lo habíamos mencionado, era utilizado como depósito de desmontes, los cuales en ocasiones llegaban a navegar. Luego, en la década de, se reportó que al este del parque, una colosal esfera se podía contemplar a lo lejos, la cual se utilizaba como carbón para abastecer al cuécharo del mineral o granos minerales. A sus orillas se podrían contemplar otros elementos arrojados, como los bastos hilos de mantas o petates de la misma minería, restos de pilas utilizadas para el beneficio de minerales, paja agriada y un sinnúmero.
La importancia del río Guanajuato, como uno de los primeros elementos que permitieron la conformación de la ciudad, se refleja en que, a lo largo de 2 kilómetros, es donde mayor crecimiento urbano tuvo lugar. Por ello, muchos de sus atractivos históricos y monumentales se sitúan en esta área. El inmueble más antiguo de la ciudad, que data del siglo XVI, el Templo de San Diego, fue el primero en ser construido. Cientos de manzanas pertenecientes a la jurisdicción de los templos de la Santísima Trinidad y San Roque se fueron conformando. Otras tantas irían surgiendo en la conformación de la ciudad a partir de 1548, en los alrededores de la Alhóndiga de Granaditas; la “Fábrica Real”; la cercana mina de Mellado; y las acequias terrenales de Sangre de Cristo.
Con el paso del tiempo, este lugar se convirtió en un flujo intenso de actividad económica. A principios del siglo XIX, la preponderancia de extracción de metales y la envergadura del lugar convirtió a Guanajuato en un estandarte de la minería mundial y el tercer núcleo urbano más grande del país. Esta historia es narrada por su arquitectura, en donde, no obstante la “modestia” de los 600 metros del Derrotero minero del Real del Guanajuato, se observan diversas edificaciones con atributos estilísticos neoclasicistas e incluso constitutivos de conjuntos en los diversos predios: egresos mineros, uniones libres, hospitales y los exclusivos edificios donde se reunían los “dueños” de los metales. Además de ese punto de partida, el auge minero permitió otras variaciones que conforman al lugar, como el establecimiento de naves asociadas a constructivos de los diversos barrancos y los hornos y la magna Alhóndiga de Granaditas.
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